Puntos de vista

Informe de gestión


Cuando la alta gestión de un gobierno se sienta ante los legisladores, la rendición de cuentas es, inevitablemente, una batalla de narrativas. No se trata solo de exponer el estado de avance del Plan General de Gobierno, como exige la Ley 6684, sino de elegir qué éxitos amplificar y qué silencios mantener. El informe de gestión presentado por el Jefe de Gabinete de la Ciudad, Gabriel Sánchez Zinny, ante la Legislatura porteña, revela más sobre las prioridades políticas de la administración que sobre el simple cumplimiento de los objetivos técnicos.

La estrategia fue clara: blindar la gestión con números contundentes de infraestructura y seguridad, apostando al impacto del “hecho concreto” como defensa definitiva. Sin embargo, la batería de cuestionamientos de la oposición demostró que la Ciudad de Buenos Aires sigue dividida entre la métrica del cemento y la urgencia de la política social.

La presentación del dato como escudo

Formalmente, el encuentro se extendió por varias horas y sirvió para desglosar el estado de la administración en cinco grandes ejes: Metro Cuadrado, Movilidad, Cuidado, Reforma del Estado y Ciudad Atractiva. El diseño de estos pilares busca cubrir todo el espectro gubernamental, pero el peso específico de la exposición recayó en los dos primeros, donde los datos duros son más fáciles de exhibir y menos permeables al debate ideológico.

En el eje “Metro Cuadrado” (higiene, tránsito, seguridad), el oficialismo desplegó cifras impactantes. Se destacó la incorporación de 2.500 nuevos agentes y una renovación significativa del parque automotor de la fuerza. La inversión en tecnología se tradujo en la instalación de 1.200 nuevas cámaras en 300 puntos estratégicos, lo que, según el Jefe de Gabinete, eleva la cobertura de videovigilancia al 82% en la vía pública. La gestión celebró que esta estrategia resultó en una baja acumulada del 28,4% en robos y 21,7% en hurtos en lo que va del año. La joya de la corona estadística es la caída del robo automotor en un 55%, la cifra más baja en 23 años respecto a 2024.

Bajo el eje “Movilidad”, Sánchez Zinny proyectó a largo plazo. La noticia central fue la licitación de la Línea F de Subte, proyectada como la primera nueva línea en 25 años, con un costo estimado de 1.350 millones de dólares y un recorrido de 9,8 kilómetros entre Barracas y Palermo. A esto se sumó la prueba piloto del Trambus en la Avenida Juan B. Justo. Se habló de récord de inversión en Salud (más de 30 millones de atenciones anuales) y el avance en la digitalización de trámites (eliminación de 37 trámites innecesarios).

El cálculo detrás de la inversión

El propósito de exhibir este nivel de detalle—2.500 agentes, 1.200 cámaras, $1.350 millones de inversión— es doble. Primero, reafirma la imagen de un gobierno que gestiona y concreta, un activo político invaluable en un contexto nacional de alta conflictividad y parálisis. Segundo, y más importante, la centralidad del eje Movilidad es un intento de cambiar el foco de la discusión sobre el Subte.

Mientras el gobierno invierte y proyecta la faraónica Línea F, la crítica inmediata de la oposición —encarnada por Gabriel Solano— se centró en la fricción cotidiana: el aumento del pasaje del Subte, que Solano calificó de estar por encima de la inflación acumulada, y la demora en la implementación efectiva del boleto estudiantil para acompañantes. El gobierno contrapone una promesa de infraestructura a 25 años con el costo diario que asumen los vecinos. Se está calculando que el impacto mediático de la inversión millonaria (Línea F, Trambus) disuelva la resistencia política al aumento de tarifas.

Esta dinámica se repite en el eje “Cuidado”. Aunque Sánchez Zinny mencionó la “inversión récord” en Salud y educación, la oposición concentró sus planteos precisamente en las áreas de sensibilidad social: Juan Manuel Valdés criticó el salario docente y Victoria Freire cuestionó el presupuesto destinado a políticas de vivienda, como el caso de la ex AU3. El oficialismo se defiende con el número de atenciones anuales, pero la oposición ataca la calidad de vida de los trabajadores y la falta de “una visión estratégica e integral” sobre problemas fundamentales como la vivienda o la caída dramática de la natalidad (que Ferrario cifró en un 48% en CABA).

El peligro de los números inflados y los silencios estratégicos

El análisis de la fuente revela que, al intentar blindar su gestión, el gobierno terminó exponiendo los flancos de su estrategia comunicacional. El oficialismo (Glize, Villafruela, Siciliano) se vio obligado a defender la gestión con frases como “este gobierno se defiende por sus hechos concretos”, lo que subraya la naturaleza defensiva de la presentación.

Pero el análisis crítico exige ir más allá de los porcentajes. ¿Es realmente un éxito la videovigilancia al 82%? La jefa de bloque de UxP, Claudia Neira, puso en duda el dato, afirmando que la cobertura real es menor a la informada. Este es un punto crucial: la narrativa de seguridad total (“Metro Cuadrado”) se basa en cifras que la oposición, desde su propia base de datos, declara como infladas.

Además, hubo silencios estratégicos en la defensa oficial:

  1. Vivienda y Natalidad: A pesar de las críticas de Ferrario, Trimarchi y Thourte sobre la falta de políticas de apoyo a la familia, el drama de las personas en situación de calle, y la crisis de vivienda, el Jefe de Gabinete no ofreció respuestas o planes detallados que contrarrestaran la percepción de falta de visión estratégica en estos temas.
  2. El costo humano de la Reforma: La celebración de la “Reforma del Estado” (eliminación y simplificación de trámites) omite la preocupación de la diputada D’Atri respecto a los retiros voluntarios en algunas áreas. ¿Qué costo social tiene la agilización y eficiencia del Estado?
  3. La dependencia del largo plazo: La gran promesa (Línea F) depende de una inversión masiva de 1.350 millones de dólares. En un contexto de negociaciones tensas por la coparticipación (tema que Neira también cuestionó), ¿están garantizados esos fondos? El gobierno porteño puede celebrar tener el “nivel de deuda más bajo de los últimos 12 años”, pero una obra de esta magnitud ata recursos futuros a una promesa de infraestructura que, si se demora, se convertirá en un pasivo político.

El informe de gestión, más que un detalle burocrático, fue una escenificación de la tensión permanente en la política porteña: el gobierno quiere ser juzgado por su capacidad de control (seguridad, orden público, reforma de trámites) y su ambición de obra pública, mientras que la oposición lo empuja a ser juzgado por la calidad de vida de sus ciudadanos (salarios, vivienda, espacio verde).

La próxima ronda de consultas y la ejecución presupuestaria dirán si la batería de cifras del oficialismo logró convencer al ciudadano, o si la preocupación por la factura del Subte y el salario docente terminará pesando más que la promesa de una línea de Subte que aún tiene años de túnel por delante. El desafío del oficialismo es transformar el dato concreto en bienestar percibido, sin descuidar la sensibilidad social que hoy define el mapa de la crítica política en Buenos Aires.

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