Puntos de interesPuntos de vista

Cuentas de cristal: el costo oculto detrás del déficit cero en 2025

Cuando el Gobierno celebra los números de diciembre de 2025, lo que realmente está poniendo sobre la mesa es un ejercicio de supervivencia contable que el Centro CEPA ha desmenuzado con precisión quirúrgica. ¿Estamos ante una consolidación económica o ante una “purga” que ha dejado de ser selectiva para volverse sistémica? El análisis de los datos oficiales de la Superintendencia y el Tesoro permite ver la verdad desnuda: un Estado que se achica mucho más rápido de lo que su propia recaudación le exige.

La foto del ajuste: 2025 vs. 2023

Según el informe del Centro CEPA basado en datos del Sector Público Nacional (SPN), el cierre de 2025 muestra una contracción del gasto total del 27,2% en comparación con 2023, una cifra que triplica la caída de los ingresos, los cuales retrocedieron un 8,1% en el mismo período. En diciembre de 2025, el déficit primario fue de $2,88 billones, pero aquí es donde empieza la “letra chica” del análisis financiero.

El Tesoro ha priorizado la emisión de títulos capitalizables (LECAP, BONCAP y DUALES). Si se incluyeran estos intereses que no se pagan hoy pero se acumulan, el déficit financiero del año no sería el informado, sino que ascendería a la astronómica cifra de $28,59 billones. Es decir, el superávit que se festeja en los despachos oficiales depende, en gran medida, de una ingeniería de postergación de deuda que el mercado mira con creciente escepticismo.

Ganadores y perdedores de la motosierra

El análisis del Centro CEPA permite identificar con nombre y apellido quiénes han financiado este equilibrio fiscal. No fue la “casta”, sino sectores específicos que han visto sus recursos pulverizados:

  • Obra Pública: La inversión en capital muestra un ajuste del 78,8% respecto a 2023, evidenciando una parálisis total que no muestra signos de recuperación.
  • Universidades: En diciembre de 2025 no se abonaron los aguinaldos, lo que generó un ahorro forzoso de $0,60 billones. La caída acumulada en el sector universitario es del 32,8% comparado con 2023.
  • Programas Sociales: Las partidas que incluyen la Tarjeta Alimentar, comedores y el ex Potenciar Trabajo sufrieron una baja real interanual del 54,8%, y de casi el 80% respecto a los niveles de noviembre de 2023.
  • Salarios Públicos: Los sueldos de la administración nacional perdieron un 26,6% de su poder adquisitivo en relación con 2023, funcionando como el principal ancla del gasto.

En contraste, la Asignación Universal para Protección Social fue de las pocas partidas con un incremento real (71,2%), lo que sugiere un intento por contener el desborde en los sectores más vulnerables mientras se ajusta ferozmente a la clase media trabajadora y a los jubilados.

Lo no dicho: el fin del Impuesto PAIS y la caída de las exportaciones

Lo que la narrativa oficial suele omitir es la fragilidad de la recaudación. Los ingresos por Derechos de Exportación cayeron un 57,7%, producto de liquidaciones anticipadas y medidas de retenciones al 0% que, según el Centro CEPA, auguran meses de recaudación aún más escasa. Además, la eliminación del Impuesto PAIS a finales de 2024 dejó un hueco fiscal que en 2025 habría representado ingresos por $9,09 billones.

Consecuencias y alcance

El cumplimiento de las metas con el FMI (el superávit acumulado de $11,77 billones superó la meta por $1,25 billones) parece ser el único norte de la gestión. Sin embargo, el costo es un mercado interno raquítico y una infraestructura nacional en estado de abandono. El ajuste en subsidios económicos, que cayeron un 54,3% (especialmente en transporte del AMBA), se traduce directamente en un mayor costo de vida para el ciudadano de a pie, retroalimentando la caída del consumo.

Cierre abierto

La pregunta que queda flotando tras analizar los datos del Centro CEPA es cuánto tiempo más puede sostenerse la paz social con un gasto en prestaciones sociales que cayó un 11,5% anual. El superávit financiero de 2025 es, en esencia, un edificio construido sobre el ahorro forzado de salarios y jubilaciones, y sobre una deuda de intereses capitalizados que tarde o temprano habrá que enfrentar. Los indicadores a monitorear en las próximas semanas no son solo el riesgo país, sino la capacidad de resistencia de un tejido productivo que ya no tiene margen para más “cirugía política”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver al botón superior