La tregua del INDEC: ¿2,9% o el espejismo de la góndola?

¿Vieron esa sensación de alivio que intenta transmitir el Gobierno cuando una cifra no empieza con tres o cuatro? El 2,9% de inflación de enero de 2026 se presenta en los despachos oficiales como una victoria de la disciplina, una “tregua” de verano. Pero cuando uno rasca la superficie del dato general, la pregunta surge sola: ¿Es este número un reflejo de la realidad o una construcción estadística que ignora el plato de comida? Mientras el índice general se queda por debajo del umbral psicológico del 3%, el rubro que realmente define la capacidad de supervivencia de un hogar, Alimentos y bebidas, voló al 4,7%. Hay una verdad desnuda que el promedio oculta: el bolsillo de los porteños y los argentinos no siente una desaceleración, sino un cambio de ritmo donde lo esencial se vuelve prohibitivo.
Presentación del hecho
Formalmente, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) informó que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró un alza del 2,9% en enero, acumulando un 32,4% en los últimos doce meses. Si miramos la foto regional, el Gran Buenos Aires (GBA) se ubicó ligeramente por debajo del promedio con un 2,8%, mientras que el Noreste sufrió el impacto más duro con un 3,8%.
Lo que empujó el índice hacia arriba no fue el rubro de Prendas de vestir —que curiosamente bajó un 0,5%— ni la Educación, que apenas se movió un 0,6%. El motor real fueron los Alimentos (4,7%) y los Estacionales (5,7%). Para ponerle nombre y apellido a la suba: en el GBA, el tomate redondo saltó un 92,6% en solo treinta días, la naranja un 30,1% y la papa un 29,6%. Estos no son números de una economía que se estabiliza; son señales de un descontrol en los precios de cercanía que el “IPC Núcleo” (2,6%) intenta suavizar.
Análisis de intenciones
¿Por qué el Gobierno necesita tanto este 2,9% ahora? El timing es quirúrgico. Estamos en las puertas de las negociaciones paritarias de febrero y marzo. Mostrar una inflación “congelada” por debajo del 3% en enero funciona como un lubricante político para anclar las expectativas salariales. Si el número hubiera sido 3,5% o 4%, la presión sindical por recuperar lo perdido en 2025 (donde la Educación, por ejemplo, ya acumula una suba interanual del 52,4%) sería insostenible.
Hay un cálculo de intereses evidente: el ganador visible es el equipo económico que puede exhibir una “curva descendente” frente a los organismos internacionales y el mercado. Sin embargo, el perdedor invisible es el asalariado cuya canasta de consumo está sobreponderada en alimentos. Cuando el asado sube un 5,6% y el pollo entero un 8,9% en un solo mes, el 2,9% general se convierte en una ficción estadística para el que tiene que llenar la heladera. El Gobierno está seleccionando qué precios “dejar correr” (Estacionales y Alimentos) y cuáles “pisar” (Educación y Vestimenta) para que el promedio le dé la razón al relato de la estabilidad.
Consecuencias y alcance
El impacto real de esta cifra es una profundización de la brecha regional. Que el Noreste tenga un punto más de inflación que el GBA (3,8% vs 2,8%) revela que el costo de logística y la falta de anclas de precios en el interior están castigando más a las zonas con mayores índices de pobreza.
A mediano plazo, el riesgo es que esta “inflación de la mesa” termine contaminando al resto de los precios. Si los alimentos no bajan de ese piso del 4,7%, es imposible que el IPC general se mantenga en niveles bajos una vez que los rubros que hoy están “planchados” por el verano —como la Educación (0,6%) o la Vivienda y servicios (3,0%)— comiencen su ajuste estacional de marzo y abril. Ya lo vemos en los servicios: aunque el promedio de Bienes fue 2,8%, los Servicios subieron un 3,1% en enero, marcando que el costo de vida estructural sigue con una inercia peligrosa.
Lo no dicho
Lo que falta deliberadamente en la narrativa oficial es que este superávit de “baja inflación” en enero se sostiene sobre el colapso del consumo en otros sectores. ¿Por qué bajaron las Prendas de vestir un 0,5%? No fue por un aumento de la productividad, sino porque las vidrieras de la Ciudad están vacías y los comerciantes prefieren resignar margen antes que no vender nada. El silencio estratégico del Gobierno rodea al rubro Educación: celebran el 0,6% de enero, pero ocultan que en la comparación interanual es el sector que más subió en todo el país, con un 76,1% en el Noroeste y un 82,5% en la Patagonia. La bomba de las cuotas de los colegios está activada y el INDEC de enero simplemente le quitó el sonido.
Cierre abierto
La pregunta que queda flotando es: ¿qué pasará cuando el tomate deje de ser el único protagonista y los Regulados (2,4% en enero) tengan que recuperar el terreno perdido frente a una inflación interanual que todavía viaja al 32,4%?. El indicador a monitorear en las próximas semanas no es el IPC de febrero, sino el comportamiento de las góndolas en la tercera semana de este mes. Si los alimentos no perforan el 4%, el 2,9% de enero habrá sido solo un espejismo de verano. ¿Estamos ante el fin de la inflación o ante una pausa estratégica antes del golpe de marzo? La respuesta, como siempre, no está en el comunicado del INDEC, sino en la ticketera del supermercado.
